lunes, 10 de mayo de 2010

LA GRAN FAMILIA Renée Magritte.

INTENTO DE MONÓLOGO BANAL

- ¿Cómo soy yo? A ver… (muy pausado, voz clara, firme, no arrastra las palabras).
- ¿Cómo describirme? ¿Querés que me describa? No sé. Lo único que se, es que se muy pocas cosas de mí. Eh… me gustan los palmitos. AMO los palmitos. Me encanta llegar a la noche, abrir la heladera y meterme un trozo de palmito en la boca, frío, firme, pero jugoso por dentro. Me gustan las tardes al aire libre, en algún parque, por ejemplo, pero (acelera el ritmo del habla) me gustaría tener uno como la gente, cerca de mi casa, sino, tengo que andar recorriendo todos los parques y plazas de capital federal como una loca y…no encuentro mi espacio…¿me entendés? (Pausa). El aire libre me termina asfixiando.
- Bueno, como te decía…no sé si esto que te estoy diciendo sirve, ay, es que…no sé cómo presentarme, ¿cómo tiene que actuar uno en la primera cita? (duda, temerosa), ay, digo..esto ¿es una primera cita, no? Porque….no sé, digo, al verte, así vestido y todo, como que me dio la sensación que era una cita. Igual, yo soy cero formalismos eh, digo, ¿qué hace formal a una cita? ¿La forma de vestirnos? ¿El lugar elegido? ¿Es la noche? ¿Qué pague el hombre? Bueno, perdón, que “invite” el hombre. No sé, hace mucho que no salgo con un hombre. ¿Tengo que preguntarte cómo te parezco yo? ¿Es este el momento? No sé, vos decime, soy tu esclava, jaja…no… digo…Que, me ayudes, que me digas algo si te molesta o qué querés que hagamos…no sé. (pausa). Sos lindo (espera reacción, lo mira). Bueno, digo, lo hice como para romper el hielo, es como una manera de proceder…no? De avanzar en la…comunicación (reacción y miradas de ella que evidencian que él no le presta atención y se aleja). Esperá! ¿Qué…qué hice? ¿Qué dije? ¿O fue lo que no hice? ¿Lo que no dije? ¿Qué? Esperá, ni siquiera me dijiste tu nombre…(él se fue). Murmura para sí: me parece que lo de los palmitos estuvo de más.

sábado, 8 de mayo de 2010

Llanto

Sus pequeños ojos negros se inundaron de repente en un mar de preguntas, de incógnitas que se aclaran y muchas mas que se oscurecen. Nuevos miedos con los que tiene que convivir, nueva realidad que lo circunda.
La voz no le sale, la angustia no lo deja hablar, me mira inmóvil. Absorto me mira sin comprender lo que escucha, sin querer hacerlo pese a que sus oídos sean capaces.
Las manos refriegan su cara, frota su frente, sacude sus pelos y una primer lagrima temerosa irrumpe en su rostro y junto con cientos de ellas desfiguran su rostro.
Mi realidad también se vuelve borrosa, yo también rompo en llanto. Lloro por haber sido quien le revelo una realidad por siete años oculta; por no saber si fue lo correcto; por estar enfrentándome nuevamente a esa historia tan pocas veces contada; por no poder responder a sus preguntas y sobre todo porque él llora al tener que convivir con sus ausencias, porque sus amigos se pelean con sus viejos y el desearía poder hacerlo, porque nunca disfruto de jugar a la pelota en una plaza, porque los recuerdos que tiene sobre el no le corresponden. Llora porque nunca lo tuvo, porque no entiende su muerte.

llora, porque no puede hacer otra cosa.

domingo, 2 de mayo de 2010

Le Clochard


La mirada de los ciudadanos es lo peor, ver sus ojos cínicos con temor a que este viejo consumado por el tiempo, les haga daño, me aniquila. Paso al lado de ellos evitando conectar sus miradas con las mías, me acostumbré a caminar haciendo de cuenta que no están, del mismo modo en que ellos parecen haberse habituado a esperar el colectivo, haciendo de cuenta, que es sólo el viento quien pasa por su lado…
Para ellos, yo no existo, soy una de las tantas postales de este mundo y sin embargo sus ojos temerosos me evitan, ¿acaso no entienden que yo no elegí esto?
Aunque cueste, debo aceptarlo, soy un linyera que se acostumbro a conformarse con la frialdad de un mármol añejo del cabildo, y a poder conciliar el sueño entre campanadas y campanadas de la catedral, soy un linyera que se pasa los días en busca del placer perdido, recorro mí ciudad en busca de una colilla de cigarrillo que tenga, aunque sea, una pitada que me ayude a sobrellevar esta, mí realidad.
Busco en el suelo ese vicio que no está al alcance de quienes tienen que preocuparse del lugar donde van a pasar otra noche, vicio que no está al alcance de los que quieren dejar de protegerse de aquellas personas, que pese a estar en las mismas condiciones que uno, no pierden la oportunidad de robarte y despojarte, poco a poco, de los últimos gramos de dignidad.
El tiempo consume lo que queda del día y lo que queda de mí, el tiempo va dejando marcas en la memoria que me obligan a vivir con ese sabor amargo. La realidad se impone a la fantasía y me siento como un ángel empantanado en busca de sueños que me resigno a hacer a un lado.
El sol cae tras mi espalda dejándole lugar a otra noche mas de invierno, hace frío y no tengo abrigo; el sol cae tras mi espalda, otro día acaba y yo sigo caminando por las calles rodeado de tantas personas desalmadas…
Los luceros de la noche me rodean, se meten dentro de mi cuerpo, se apoderan de mi, ahora el frío empieza a recorrer mis venas, mis ojos se resignan a cerrarse pero se que el final esta cerca…