jueves, 30 de septiembre de 2010

imagen se busca

Para que de una vez por todas te reconozcas frente al espejo y dejes de buscarte en la risas de los otros.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Sobre el surgimiento de una idea

Lo importante es estar atento a lo que transcurre a tu lado, o internamente.
Es importante tener un lápiz en la mano (y con punta) tenerlo agarrado a un anotador.
Caminar sin mirar un punto fijo, dejar que la situación llegue a vos, es fundamental no buscarla.
Caminar por la calle silbando una canción o tarareando (desafinadamente) su melodía,
Tener buena memoria fotográfica (o una Nikon d80 colgando del cuello)
Saber escuchar lo que pasa alrededor, si… ser chusma.
Dejar que el viento te acaricie, te empuje o te escupa.

Una vez que se haya recopilado varias páginas de sensaciones y situaciones… volver a tu cuarto, preparar el mate, dejar que se caliente el agua y cuando esté todo listo volver sobre las palabras escritas, leerlas lentamente y luego abandonar el cuaderno.
Agarrar algún libro de la biblioteca, abrirlo en la página trece, leer el segundo párrafo, saltar a la página cuarenta y nueve del mismo libro y leer de abajo para arriba. Hacer lo mismo con dos o tres libros más (tratar de evitar los diccionarios y libros de auto ayuda). Los números de las páginas pueden ir variando pero cuidando que nunca sean múltiplo de dos, ni de cinco.
Agarrar otra hoja y, ahora, una lapicera verde, o roja (nunca azul ni negra) y comenzar a transcribir las palabras que quedaron dando vueltas de los párrafos que leíste instantes atrás.
Finalmente abandonar la lapicera, cebarse un mate, jugar con el agua en la boca, tragarlo lentamente… hacer ruido con la bombilla (pero no moverla, jamás moverla!) tomarse otro mate, está vez con los ojos cerrados, cuidando de no hacer ruido para finalmente agarrar las hojas escritas, desecharlas y ahora sí, pensar en una idea.

lunes, 30 de agosto de 2010

curiosidad no instruida (8/8)

El vino a medio tomar, los platos todavía sucios en la cocina, las migas del pan ensuciando el suelo junto con tu remera puesta de manera inmejorable tras el respaldo del sillón, encabezan la lista de cosas poco cotidianas en mi monoambiente.
Junto a tu remera, pero más a la derecha, debajo de la biblioteca y tras la ciega mirada de Borges, yace inmóvil una de tus medias aún húmeda. Está aplastada contra la solapa de un libro de historia.
Tuvimos que esperar a que el día termine para que todo comience realmente. Entre besos aún desordenados y caricias tibias tu ropa se acumula en el piso, la soledad es menos amarga y empiezo a descubrir cómo se siente tu mano caminar por mi espalda. Todo comienza realmente. La luz del velador se apaga, la luz de la calle nos alumbra, el recuerdo de mí en soledad desaparece.
El tiempo se me va de las manos y por fin llega el momento en que tus ojos hinchados, tu nariz roja y tus manos frías me reciben.

sábado, 28 de agosto de 2010

curiosidad no instruida (7/8)

Tuvimos que esperar a que el día termine para que todo comience realmente, ahora ya sabés quien soy…