Ella piensa, solo piensa, porque es lo único que puede hacer, porque luego de esa mañana rojiza, donde su vista se obnubiló y su mundo oscureció, el espejo se rompió.
Un dolor intenso la irrumpe, se queda sin fuerzas para llorar, las sabanas enmudecen, los culpables no emergen y quien tiene que dar la cara se encubre tras su mascara.
El espejo se lleva su imagen, ella se desangra al tiempo que sus sueños se desgranan y su mundo se desarma…
Irresponsables saquearon su juventud, miserables contaminaron sus sueños, las sombras la atosigan, el sentimiento de culpa la abraza y se aferra a ella producto de una historia a propósito mal contada. Imprudencias que sólo consiguieron enmudecerla de cuerpo y alma, imprudencias que la obligaron a inmiscuirse en su cuarto, a juntar fuerzas para volver a mirar al espejo. Y mientras tanto los entendidos murmuran como si lo ocurrido fuera un secreto.
Las palabras hirientes, pero a la vez inocentes, brotan a borbotones en bocas cizañeras de jóvenes que se animaron a soltarlas sin dimensionar cuanto afectaban a esa alma que, pese a su desgano, se puso de pie y salió a pelearla. Aún así, no los culpo por insensibles…
¿Quién diría que en tan pequeño cuerpo cabe semejante historia? ¿Quién diría que sus brazos, que parecen tan frágiles, le ganaron la batalla a lo que al parecer era irrevocable?
Aún así, No los culpo por insensibles. Culpo al tiempo por irreversible, por no permitirle volver atrás, por dejar frente a su cuerpo sombras que persiguen a sus sueños… espejos rotos del tiempo.
La memoria espectral de los frigoríficos
Hace 10 meses


Un nudo en la garganta me hace sentir la frescura inmensa que sentí al abrir los ojos...gracias, simplemente gracias
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